miércoles, julio 02, 2008

TODAY IS THE DAY (Ritmo y Compás, Madrid)


Promoción deficiente o desinterés por la buena música, quién sabe. Los de Steve Austin, una de las mejores bandas de música extrema de los últimos 20 años, merecerían una sala grande preñada a reventar de metalheads y amantes del lado brutal de la vanguardia, pero tuvieron que conformarse con los treinta o cuarenta martires del tímpano que acudieron a Ritmo y Compás aquella noche lluviosa. No pareció importar. Cuando lo que se traslada a escena es el nervio mismo expuesto al aire, el doloroso nucleo de la experiencia, y se hace con el urgente salvajismo que dicta la necesidad, parece ser que te da igual quien haya delante. Así, más corpóreo que en sus grabaciones, con la inevitable toma de tierra que implica el directo, pero igualmente blindado, espectacular en lo técnico y estremecedor en su intensidad, el trÍo se embarcó en una incursión de metal esquizoide y hardcore bipolar de las que no dejan indiferente aunque puedan perfectamente no gustar. No es plato para cualquiera, aunque esa noche comprobé que alguien no iniciado siquiera en los rudimentos del metal puede perfectamente disfrutarlo y quizá entenderlo mejor que los que ya estamos viciados por las comparaciones y el trabajo de bibliotecario. A la batería figuraba un dos por dos que parecía estar tomando el te en casa de su abuela, impertérrito, pero que mientras tanto ejecutaba una descarga de depurada técnica y doble bombo demoledor de las que hacen época. En el bajo, un larguirucho desmañado pero preciso y enérgico. Le bastan a Steve Austin para desplegar sobre ellos un trabajo de guitarras y voz termonuclear, al borde de la histeria y absolutamente personal. Sonó bastante material del insuperable «In the Eyes of God», pico indiscutible de una discografía prodigiosa, alguna cosa del también excelente «Temple of The Morning Star» y temas de su nuevo «Axis of Eden» que les retrata en excelente forma creativa y por momentos incrusta cosas casi «indies» en el magma de metal técnico e hiperagresivo que es marca de la casa. Nunca ha sido fácil describir lo que hacen Today Is The Day. Para empezar, hay que purgar su discurso con un cedazo de malla fina para poder sacar algo en limpio de unas letras tan alienadas y violentas como ambiguas. Y luego está la esquizofrenia (tan bien descrita en unas voces que pasan del rugido brutal al agudo inquietante en un segundo), los demonios interiores y la confusión; el dolor agudo sólo expresable mediante una cirujía musical extrema. Juegan en una liga en la que probablemente solo están ellos, un planeta que nos resulta extraño y tan atractivo como amenazador hasta que descubrimos que es el mismo por el que transitamos nosotros. Quizá la definición que el mismo Austin usaba hace unos años sea la más adecuada: «Heavy Mental». Un viaje alucinante al interior de la mente colectiva. Acabado el pase, la cabeza pensante de semejante anomalía tira su guitarra al suelo, escupe sobre ella y se baja al público, estrechando manos, chorreando sudor. Mi acompañante lo intercepta y le pide un autógrafo... ¿Qué escribe en el anverso de la entrada el angelito? Escribe: «LOVE». Miediiiiiiiito, es la palabra.

domingo, junio 22, 2008

SAIL HO!!!!!!!!!!!!!!!!!!


El quinto número de KAPUT ha visto la luz, por fin, en su bonita versión papel. La cubierta a color ideada por nuestros estimados Igor Heras y Daviz del Reino ha sido lo más comentado. Lógico, teniendo en cuenta que la mayor parte de nuestros conocidos leen con dificultad, fruto a medias de una deficiente educación pública, las taras hereditarias y el temprano abuso de anestésicos caducados. En todo caso, vayan estas líneas para felicitar a los colaboradores que han hecho posible la machada y a sus madres, esas santas. You will miss us when we are gone!!!

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martes, junio 17, 2008

MUDHONEY - "The Lucky Ones" (SubPop)


A psicodélicos siempre les ganaron los prodigiosos Screaming Trees y en burricie escatológica y velocidad los Dwarves les pasaban por la banda. Siempre hubo en su ambiente un buen puñado de bandas más brillantes que los Mudhoney. A ellos se los quería y se los quiere por su honestidad y su persistencia, y por esa capacidad -¿o incapacidad?- que les permite seguir siendo ellos mismos, inconfundibles, pese a la miríada de influencias que confluyen sobre su trabajado esqueleto de garaje punk. De los Elevators a los Stooges. Del hardcore político a -dicen- los Hawkwind. En su décimo largo deciden volver a la aparente simplicidad que habían abandonado en los dos anteriores. Guitarra, bajo, batería y a tirar detrás del ronco chillido histérico de Mark Arm. El resultante es un disco quinquillero, que se bate el cobre a navajazos en un callejón. Bruto, limitado y al cuello. Así, cuando tratan de ponerse psicodélicos se les nota bastante la falta de medios y detalle, y algún buen tema potencial se resiente de la velocidad de grabación -tres días- quedando en mero apunte. En el resto, aguantan el tipo con esa cortante aspereza algo amateur que es marca de la casa. "I´m Now", "The Lucky Ones" o "Tales of Terror" son temas recios que agradecen el tratamiento espartano; puro hueso mondo y lirondo desde el fondo de la cripta underground en la que, en el fondo, jamás trataron de salir. Quedan lejos los fracturados e inapelables hits del inframundo que los engrandecieron; no encontrarás aquí ningún "Touch Me, I´m Sick", pero, asumida la segunda fila, el disco es un denso escupitajo de rock infectado que mejora con un par de escuchas y que les permite -entrados los cuarenta y lejanos los fastos del grunge- mantener la cabeza alta e intacto el orgullo de perdedor. Ni menos. Ni más.// Cowboy Iscariot

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viernes, junio 06, 2008

THE KILL DEVIL HILLS - «The Drought» (Bang!)


Brendon Humpries. Apunten el nombre. El caballero tiene pintas de mecánico de camiones en algún grasiento caseto del desierto australiano, pero ha compuesto una de las canciones del año: «Nasty Business» un apareamiento forzado entre la primaria efectividad de los AC/DC y el vagabundo fantasma de Nick Cave que se adhiere a la piel como melaza y se suda como una mala resaca de whisky. Su voz, un cruce de caminos entre Barry Adamson y Rob Younger da cuenta de la macarra historia de estafa y ajuste de cuentas con tanta clase que, sencillamente, hipnotiza. De paso -para cuando te aburras de escuchar la susodicha una y otra y otra vez, y por eso de no dejar a las criaturas solas- el colega se ha construido también el resto de la columna vertebral de «La Sequía», un dico soberbio desde la enfermiza desolación de «Did I damage you?» hasta el potente Boogie de «New Country» o el atípico himno para perdedores que es «The Forsaken Few» («Perdóname nena, si parezco un tanto desolado/ pero he estado llorando sobre mi cerveza por los abandonados/No trates de tentarme con tu vestido, tan rojo/se que no fue el viento el que te despeinó así). Todo es reciedumbre vaquera y erizada mala hostia cuando hay que cabalgar. Y convincente dramatismo cuando se trata de bucear en el lado oscuro, con algún deje al mejor Springsteen («Drugs, Spices & Silk). Once cortes independientes y perfectamente distinguibles, unificados por la arenosa profundidad del sonido y el mensaje que la banda parece buscar desde la portada misma. Los amigos Burr, (Mandolina Banjo) y Joines (un poco de tó) ayudan con otros tres temas, ampliando aún más el campo de acción y remendando para el viaje un disco de los de largo recorrido y placentera revisión. Superficie añeja, vibrante fibra interior, tal unos Drones desaliñados en plan pecador de la pradera; el palillo en los dientes, la camiseta sudada, la pipa en los pantalones y el corazón roto. Si su demostración de clase te deja indiferente es que, a fuerza de cotidianas, las maravillas han dejado de hacer efecto en tí.// Cowboy Iscariot

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miércoles, junio 04, 2008

Otra opinión sobre los anteriores (FELICE BROTHERS)


Una escucha (sólo una) ha sido suficiente. Veredicto: el nuevo álbum de Felice Brothers (llamado así, "The Felice Brothers" es el primer gran gran gran disco del año. Tres puntos a favor tiene la joven banda de las montañas Catskill en Nueva York.

1) Han nacido a veinte minutos de Big Pink, la casa de Woodstock donde Dylan & The Band grabaron las dos piedras angulares del americana: "The Basement Tapes" y "Music from Big Pink" y su música suena lógicamente a The Band: medios tiempos suaves, tono de voz nasal a lo Dylan, órganos, mandolinas, acordeones, baterias tocadas con escobillas, y en general un sonido muy orgánico y natural.

2) Su querencia por el bebercio, la priva, el alcohol vivo, amigos, al que mencionan en todas y cada una de sus espectaculares canciones coronadas por espectaculares (y coreables) estribillos, convirtiéndolas en nuevos (y espectaculares) himnos instantáneos.

3) Esas letras tan neoyorquinas (como muchas otras bandas, los hermanos Felice comenzaron su carrera en la estación de Union Square del metro de Manhattan) pobladas por personajes singulares y desquiciados: la pequeña Ana, Frankie y su pistola, el maldito Jim, Ruby Mae o la reina del disfraz, Helen Fry. Una escuela de tipos que parecen salidos de la mitología dylaniana o más aún, loureediana.

Este nuevo disco de Felice Brothers, el tercero ya, (y publicado en el muy interesante sello LooseMusic) es una nueva vuelta de tuerca al folk contemporáneo, ese que viene directamente de Leadbelly y que se toca con sombrero y levita de banquero del oeste. Ese que cura los disparos con dos buenos arreones de whisky, uno para la herida y otro para el gaznate. Ese que navega perdido y desorientado entre murmullos de órganos, pianos y mandolinas más viejos que la música misma.

Es de esos discos que a la mitad ya estás deseando que se acabe para volver al principio a escuchar "Frankies gun" o "Wonderful Live" y sin embargo no eres capaz de quitar ante esa exhibición de color y melodía que te invada al oir por primera vez "Radio song" o "Whiskey in my Whiskey".

Drive by Truckers se los llevan de teloneros y Levon Helm les adora. Y si Levon Helm les anda recomendando por ahí como la mejor banda del momento, quién soy yo para negarme. Aprovechando el parón de BR5-49 o Avett Brothers, saluden a la banda que más alegrías les va dar este año.// Pepe Regidor.

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lunes, junio 02, 2008

THE FELICE BROTHERS - "The Felice Brothers" (Loose)


Difícil papel el del segundo disco, siempre. Pero más cuando el primero ha sido algo tan grande -e inadvertido- como «Tonight at The Arizona», reseñado aquí unos meses atrás. Los hermanos de Catskill lo pasan con nota ampliando su registro en un abigarrado cajón de sastre de quince canciones celebratorias y dramáticas a un tiempo, donde el amor y la tragedia afloran con naturalidad, como si más que compuesta, su música fuese exudada, una proyección colectiva de un mundo americano y marginal, a medias imaginado y, suponemos, real en otra parte. Resulta, este un disco-río, caudaloso, con meandros, afluentes de inesperada riqueza instrumental y profundidades que no se calculan bien a primera vista. Como argamasa para aglutinar su mitologia de borracheras, tiroteos en el baile y affaires de bajos fondos se amarran de nuevo a las enseñanzas del binomio Dylan/The Band (como hicieran los Deadly Snakes en su último disco, "Porcella", otra obra maestra del género). Pero es que eso es como decir que uno está amarrado a la libertad y la aventura. Así, hijas bastardas de esa tradición pasional, errabunda donde las haya, son las mayúsculas «Frankies Gun», «Greatest Show on Earth», «Saint Stephen´s End», «Ruby Mae» y «Tip Your Way». Un suburbial pasacalles por donde bucea su vida la impagable tripulación de almas perdidas que bien podría haber imaginado el de Duluth: Helen Fry, la maestra del disfraz; Brenda «la piernas largas»; el sucio reverendo Green o Tony Mercedes, todos deambulando por el pasillo del Motel 8, donde nuestro héroe white trash espera a su amada con una pistola en los pantalones. O a lo mejor es que se alegra de verla porque, dice, «su cuerpo estaba más caliente que la noche que ardió Richmond». Sobresalientes, en todo caso, más recargados (trompetas, acordeones, harmónicas) que en su anterior paseo por la trastienda de la América deshauciada, sólo relajan el pulso en dos o tres temas en los que su peculiaridad se atenúa y que terminan por ser simplemente correctos. «¿Oiste hablar de el final de San Esteban?/¿de cómo lo lapidaron junto a la curva del río/bajo el sol de la mañana,/cuando el mundo era joven?//¿Y oiste lo del elefante/que escapó enloquecido de la carpa del circo/y mato a un grupo de diez/antes de que lo abatiesen?». Así, entre biblia apócrifa y feria de pueblo, entre el crimen terrible y la más candorosa pasión, y con generosas, imprescindibles dosis de humor y de amor por la vida, es la lírica de los Felice Brothers. Pocos dan más.// Luis Boullosa.

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martes, mayo 27, 2008

BANSKY


La Marmitácora nos pone sobre la pista de este interesante individuo.

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lunes, mayo 26, 2008

Shakespeare nunca lo hizo (Y Bukowski tampoco)


Viene Tom Waits a España, cobrando 125 euros la entrada y asegurandose un aséptico público pequeñoburgues que llenará sus bolos en busca de la deseada patina de "autenticidad". Mientras, el resto de los mortales y la mayoría de los que si escuchamos sus discos tendremos que buscar a las putas, los enanos y los chihuahuas ciegos en el vinilo y en los bares. ¿O es que alguien nos va a invitar?

Downtown Train (Vídeo)

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viernes, mayo 16, 2008

HAY VIDA EN GALICIA!!! (Parte primera) - SAMESUGAS "Alá Vai" (H Records)


Reseño con mucho retraso el disco de los excelentes Samesugas (Santiago de Compostela). Un retraso imperdonable porque lo suyo merece inmediata escucha y disfrute. Rock de guitarras abigarrado y contundente, de ese que llaman por ahí "high energy". Pelotazos a velocidad de crucero equidistantes de la querencia Motorhead que mostraban en su anterior trabajo (el también excelente "Machine in Your Brain"), el hard enfurecido con matrícula Detroit de las hordas escandinavas, la herencia de guitarras australianas que va de los Saints a los New Christs y otros tantos padres hipotéticos. Un magma tatuado de referencias pero al final propio; música honesta, recia y vital facturada por cuatro tipos cuyo imaginario particular oscila entre las leyendas cinematográficas de nuevo cuño ("Black Mamba") y las viejas manías galaicas ("Lobishomem"), con varios temas en la lengua vernácula que dejan bastante claro que la musicalidad de ésta se adapta bastante mejor a la urgente síntesis del rock que la recia y profunda sequedad del castellano. Quizá se eche en falta un single redondo que destaque, arrastrando al disco tras de sí, pero por eso mismo el conjunto impacta con la explícita claridad de un ladrillazo en la cabeza. Posteriores escuchas desvelan que el trabajo ha sido a conciencia. Vibrante fibra, trenzada con sabiduría y potencia, los temas ganan con cada nueva visita. Mención especial para unas guitarras que crean fondos y texturas y dotan al conjunto de un gomoso empaque, absteniéndose sabiamente del abuso de solos masturbatorios que ha acabado con tantas bandas. Quizá aspiren a ese difícil punto medio entre la energía primaria y el gancho melódico en el que fueron maestras bandas como los Celibate Rifles. Por supuesto hasta allí hay un trecho y quizá les falte aún un punto de swing, pero parecen capacitados para ello, al menos a juzgar por la secuencia de temas que arranca en "Non vou perder" y desemboca en una briosa aunque mimética versión de "Mistery", de los enormes Wipers. Incluidos varios temas donde se detecta un machacón y contagioso tufo sixties que da óxigeno al conjunto. Ya tienen en la calle -de la mano del sello Lixo Urbano- un nuevo single en vinilo naranja, compartido con The Homens y que comentaremos por aquí en cuanto nos desenganchemos de este. Van a más.// Luis Boullosa

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jueves, mayo 15, 2008

KEVIN K & The Real kool Kats (Madrid, Wurlitzer ballroom, 14-5-08)


Hace unos cinco años Mr K dio en el Gruta 77 uno de esos bolos (noche inclemente en mitad de semana, poca promoción) a los que apenas asisten una veintena de personas, pero del que todos salen hablando maravillas. No fue para menos lo de entonces, una clase magistral de como condensar la herencia de ese primer punk neoyorkino aún seriamente infectado de glam (Thunders, Dead Boys, los primeros Ramones), cortante pero afectado al tiempo, y propulsarlo al aquí y ahora sin que la cosa huela a momia ni un poquito. ¿Cómo? Con un instinto melódico mayúsculo en su sencillez, unas guitarras que saben que el exceso mata y son pura fibra y una actitud que supura realidad por los cuatro costados. Con tales precedentes, no deja de ser una decepción que en su siguiente visita la asistencia fuese apenas algo superior. Pero poco importó, de nuevo. Superado mal que bien el trago de soportar a los Diesel Dogs (que alguien les diga que corten las canciones a mitad de minutaje, por Dios) y a sus metafísicas afirmaciones ("one for the money, two for the show, three for the bitches...", sin comentarios), llegó el amigo, arrastrando su careto de uva pasa, el enjuto suspiro tatuado que lleva por cuerpo y una guitarra a la que maltrata con naturalidad como si fuese una extensión se si mismo, para poner las cosas en su sitio. No se cuanto duró el concierto, ni importa un carajo; una festiva, celebratoria sucesión de hits del inframundo ("temazo tras temazo", que diría mi acompañante), ejecutada con inefable, impávida chulería, y apuntalada por una banda solvente y motivada. K punteó el repertorio con un puñado de versiones (un "This boots Are Made For Walking" de la que salió triunfante, "Chinese Rocks", "Sonic reducer"...), exitos instantáneos de la cultura popular que remacharon el empaque del show, pero sin las cuales el resultado hubiese sido igualmente suculento: puro corazón pop envuelto en navajeo de guitarras de callejón; bisutería suicida y barrial; orgullo de perdedor sintetizado a la perfección en esa chulesca estampa de comadreja hipodérmica envuelta en lentejuelas que dominó las tablas con mano maestra. El público, una amalgama extraña de rockeros de base, modernos infiltrados, psicóticos varios, ratas de bar y otras almas perdidas, montó una fiesta paralela que realimentó a la banda. Primer premio para la lesbiana espástica que bailaba como si le fuera la vida en ello y daba más miedo que Grace Jones. ¿Obedecía el extasis colectivo a la luna, el Lsd del ponche, a las ganas de epatar o el simple poder del Rock& Roll, esa música hedonista y transfiguradora como pocas? probablemente obedecía a todo ello, como tiene que ser. Volvimos a la noche con ganas de bebernos lo que quedaba de ciudad. Y ya sabemos que la veteranía es un grado, y tal y cual, pero lo cierto es que ante demostraciones de este calibre uno se pregunta seriamente si la historia no cometió un error con este gato descarriado. A él, por suerte ya parece darle exactamente igual. Tiene un bonito guardarropa, tres acordes y una (su) verdad. // Bastard Son of Cheetah Chrome

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miércoles, mayo 14, 2008

MOLESTONES - "Who Will Save Rock&Roll?"

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miércoles, mayo 07, 2008

THE FUNCTIONAL BLACKOUTS - “The Severed Tongue Speaks For Everyone” (DeadBeat)


Los Functional Blackouts quieren ser más de lo que son. Eso será bueno si en algún momento lo consiguen, pero letal sino tienen el talento suficiente. Su visión va hacia un punk ruidista y caótico que tiene algo de experimental y mucho de mecánico; música construida de manera cubista más que circular. Su realidad inmediata -pese a que este “La lengua cortada habla por todo el mundo” es un disco potente y apreciable- es la de aprendices de la rareza, aún demasiado anclados en una realidad remplonamente agresiva. Hay un chirriante rugido de motosierra industrial acechando, pero no es suficiente para hacer volar alto unos temas cuyas estructuras, al cabo, son sota caballo y rey del aberre de tres acordes de toda la vida. Es brillante la producción, que esconde los mínimos y predecibles solos de guitarra y da preminencia a lo rítmico, pero tampoco basta. Por supuesto, su ambición es preferible al conformismo de tantas otras bandas, y su ataque tiene una concisa brutalidad que es de agradecer, pero falta el brillo que los convierta en algo distinto. Y sobre todo las canciones. Algo sin lo que, se sobreentiende, es difícil sobrevivir. //Bastard Son of Cheetah Chrome

UN VIDEO

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lunes, mayo 05, 2008

La electricidad, el mal gusto y los problemas de espalda (Entrevista con THE GOLDEN BOYS)



Ya reseñado aquí su último y refrescante disco, "Whisky Flower", los de Texas nos atienden amablemente y poseidos, todo parece indicarlo, por un considerable ciego y una aguda obsesión alimenticia. Banda festiva pero capaz de ir más allá del puro jolgorio vaquero, extraen un discurso personal partiendo de referencias tan obvias como los Rolling Stones, The Band o los Giant Sand de Howie Gelb. Otro combo excelente para un territorio, el tejano, donde el talento musical florece asilvestrado y frondoso por doquier.

UN DIRECTO en L.A.

KAPUT- ¿Tiene Texas un sustrato histórico o cultural que influya en vuestro trabajo? ¿Sois una banda texana? ¿Por qué?

GOLDEN BOYS- Bueno, vivimos aquí dentro, comida tex-mex, tequila, los caballos retrasados mentales de los rednecks, sueltos por ahí, petróleo, antiguo “weird punk” de Austin,... sentarse en el porche y escupir. Texas es demasiado grande, se tarda un par de días en cruzar el estado conduciendo, y la gasolina es cara... así que permanecemos atrapados, de alguna manera. Todas esas son influencias, supongo que somos una banda de texas a causa de la psicología geográfica. No nos gusta ser clasificados con la mierda esa de los cantautores country. Vivimos en Austin. Supongo que puedes decir que somos “Álamo Rock”... no se como contestar esto... puesto de peyote. Texas es casi tan grande como Canadá. Hay gente muy distinta. Texas es caliente como Australia. Cuando hace calor fuera la gente bebe cerveza y se aburre, y toca música.

K- ¿Perteneceis a una tradición musical reconocible?

GB- Bueno, supongo. La tradición de perder el oido, la electricidad, el mal gusto, los problemas de espalda, las peleas con nuestras novias, perder el curro, jugar al dominó y hacer tortillas. De trigo o de harina.

K- Hay muchas bandas jóvenes tocando música de raíces con actitud punk, como si ambos sustratos se hubiesen mezclado. Vosotros mismos érais más crudos al principio. ¿Hacia dónde evolucionais?

GB- Si, supongo que si ha pasado eso, seguimos encontrándonos colegas que piensan como nosotros cuando viajamos. Y también amantes del vinilo... buena comida. Hermosos gatos y perros. Nuestra evolución nos lleva hacia otro mundo... el mundo de Nay Nay. Nos gusta CRUDO! Poder Crudo!!! Cheeseburger.

K- Puedo ver la influencia de los Rolling Stones aquí y allá en vuestro trabajo, pero al fin y al cabo ellos eran chicos ingleses impactados por la música de raíces americana, así que quizá no son los Stones lo que escucho, sino algo que estaba allí previamente...

GB- Todo lo que podemos decir es que nos gustan los viejos discos de Rock&Roll, Soul, Jazz, Country y Blues... Todo eso nos gusta. Especialmente lo que se hacía en Memphis, Tennesse. “Exile on Main Street” es un buen disco también... quizá uno de los mejores que se han hecho jamás. Y también la versión de “Exile on Main Street” que hicieron Pussy Galore.

K- ¿Cuál es la importancia del humor en vuestra música?

GB- Nos hacemos reir entre nosotros y nos cachondeamos de Wes. Somos como Laurel & Hardy follando con Richard Pryor y Redd Fox.

K- ¿Qué podemos esperar de los Golden Boys en directo? Pareceis una banda fiestera...

GB- Solemos tener guitarras, BAJO, tambores, teclas, cuernos, chicas negras muy calientes y una Máquina Tornado. Fiesta, sí.

K- Han aumentado las nuevas tecnologías las posibilidades de las bandas pequeñas de llegar a ser conocidas?

GB- La interweb es un lugar extraño, como dijo Phillip K Dick.

K- Un par de canciones vuestras me han recordado a los Giant Sand de la época Long Stem Rant”, cuando grababan discos sin casi ensayar, permitiendo que los errores fueran parte del proceso y trajeran nuevos desafíos de manera constante.

GB- No estoy seguro, probablemente. Buena banda. El chorizo mexicano es distinto del chorizo español.

K- ¿Cómo componeis?

GB- No lo sabemos. Nuestro método es como conducir un coche en un lugar donde no has estado jamás e intentar encontrar el camino de vuelta a casa. Sigue mejorando constantemente... o llamaremos a Jason Bonner, o Ronnie Vain o James Arthur para conseguir unas letras.

K- Vi que hacíais “The Plague” de Scott Walker en directo. ¿Teneis más versiones?

GB- Estamos aprendiendo otra de Scott Walker, uhmm.. hacemos “Dolly's Waltz”, de Sid St. Onge, Hawkwind, Ten Years After, Hasil Adkins, solíamos verionar “Cold Hard Times”, de Lee Hazlewood. Ahora mismo estamos aprendiendo un tema de Charlie Rich.

K- Bandas que no nos debemos perder si vamos a Texas...

GB- Crack Pipes, Roky Erickson, the Black, The Strange Boys, Big Black Smoke, Horse=Donkey, Teeners, Gospel Truth, Ripe, Black Panda, Apeshits, Hex Dispensers, Cave Dweller, Over the Hill, STANTON MEADOWDALE... hay demasiadas bandas buenas. The Golden Boys.

K- ¿Hay alguna influencia no musical que sea evidente en vuestro trabajo? ¿Actores, pintores, filósofos, drogas, mujeres, animales, naturaleza, armas de destrucción masiva?

GB- El vodka es una clara influencia. También el “Tejano”.

K- ¿Que hay después de la muerte?


GB-La fama

K- ¿Me podeis dar vuestra opinión sobre algunas bandas que veo relacionadas con vosotros?

-Meat Puppets - Muy guapos

-Thirteen Floor Elevators - Dioses

-Giant Sand - Muy guapos

-The Band - Levon Helm y Rick Danko molan, ¿se quedó Robbie con todos los derechos? El disco en solitario de Levon, "Dirt Farmer", también está muy bien.

-Creedence Clearwater Revival- Rock pantanoso de california... como Tony Joe white, cangrejos hervidos, barbacoas.. "Fortunate Son" es una buena canción para escuchar mientras haces skate. "Bad Moon Rising" también es un disco de Sonic Youth.

-The Cramps - caramelos envenenados para guarrillas

-Deadly Snakes
- Muy buenos, ¿por qué rompieron?

-Brimstone Howl
- Nuestros amigos y hermanos. Unos tipos muy majos, se quedaron en el suelo de mi casa una vez... convierten Omaha en un lugar chulo para vivir.

Two Gallants- Odian a los polis de Houston. Si, una buena banda.

Postdata: Supongo que todos amamos la música. Es lo único de lo que hablamos... así que gracias por tu tiempo. Con suerte, alguien nos llevará hasta vuestro hermoso país para tocar... Nos encanta el pescado, también.

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miércoles, abril 30, 2008

BORIS SUJDOVIC - "Fuzz Machine" (Bang!)


“Soy un hombre primitivo/Tengo maneras primitivas de pensar en ti”, susurra Boris Sujdovic (en el centro en la foto) en “Primitive Man”, el tema que abre su enjuto y expeditivo “Fuzz Machine”. Y sus palabras son remachadas con un feroz y minimal ayuntamiento entre los fantasmas de Devo y Stooges. Protoblues achicharrado dotado de un toque maquinal por obra y gracia de Franki The Machine –la caja de ritmos que es único compañero de viaje- e hipnóticos medios tiempos de vicioso sustrato velvet es lo que el buceador encontrará por aquí; bañado todo ello por guitarras que disco adentro van adquiriendo un áspero aunque moderado cariz psicodélico, préstamo, suponemos, de las mayúsculas bandas australianas donde ha rendido servicio como bajista en las últimas décadas (Scientists, Beasts of Bourbon, Dubrovniks, ahí es ná). Igualmente esencial, más que simple, en las letras, el suyo es un sucinto y circular paseo por los recovecos de las adicciones y el amor. O sea, de las adicciones. Música en el hueso puro para repasar lo que importa. Y lo que le importa a Boris, como a casi todos, cabe perfectamente en seis expediciones hechas para ser escuchadas a máximo volumen, a modo de casero pero efectivo anestésico emocional. Mención especial, dentro de su compacto magma de funhouse crepuscular y eremítico, para el cortante brío navajero de “Never Left You” y la gélida confesión yonqui de “Give Up” (No vas a dejarlo/No vas a dejarlo/Porque la heroína te gusta/La heroína te gusta demasiado//Te gusta como sube por tu brazo/Te gusta como se desliza en tu cerebro/Te gusta como va bajando/Bajando hasta tu columna/Te gusta como bloquea y deja fuera/Todo lo que habías pensado sobre hoy). Demasiado básico, quizá, para los adoradores del arreglo, probablemente su esencia reside no tanto en la construcción misma sino en todo aquello que el autor se abstiene de añadir. En su concepto de lo que es superfluo. Y en la vida que, se intuye, ha tenido que llevar para llegar a tan doloroso pero estoico resumen existencial. Recuerdo su extraña estampa en persona. Altísimo, las manos enormes y nudosas, el aspecto de granjero disfuncional con colección de cadáveres en el granero. Y recuerdo su manera de tocar el bajo. Un músico que si sólo necesita una cuerda jamás se permitirá a sí mismo usar dos. Y concluyo que nadie mejor que él, en el fondo, para poner sobre nuestra modesta mesa este devastador ejemplo de raw power franciscano a mayor gloria de la radical soledad del hombre. Hermano Aussie.// Luis Boullosa

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lunes, abril 28, 2008

"A Drink With Shane MacGowan" (Grove Press, 2001)


Maníaco religioso, hedonista total… maestro de la tradición oral

Polémica (más de un Pogue se ofendió, en su momento), brutal por lo descarnado del testimonio, explicativa como un corte forense que dejase al descubierto un corazón que aún se empeña en latir, la biografía de Shane MacGowan, ejecutada al alimón con su novia de muchos años gloriosos y difíciles y actual mujer, la periodista Victoria Mary Clarke, es en realidad una secuencia de entrevistas en distintos momentos y lugares transcritas tal cual con mínimas introducciones. Un descenso a pulmón en una existencia tan salvaje, egocéntrica, torturada y en muchos momentos hermosa que, definitivamente, cambia cualquier visión preconcebida que uno pudiese o -quisiese- tener sobre el inventor del "Paddy Beat". Y no es que Mac Gowan no resulte ser el alcohólico y drogadicto a menudo patético que todos conocemos y en cuya visión los miserables gustan de regodearse. Lo es. El libro descubre sin embargo, lo que algunos se niegan a ver: que es también mucho más. "Cuando miro atrás, hacia mi niñez, me pregunto como me las arreglé para sobrevivir. Era, por supuesto, una niñez miserable: La niñez feliz difícilmente vale la pena. Peor que la ordinaria niñez miserable es la niñez miserable irlandesa y todavía peor es la miserable niñez de un irlandés católico". Son palabras de Frank McCourt. Con ellas abre "Las cenizas de Ángela", el libro en el que describe su infancia en Limerick y que le valió un premio Pulitzer en 1996, cuando ya pasaba los sesenta. Los primeros capítulos de la vida del otro Mac, el nuestro, parecen empeñados en decir exactamente lo contrario. El escenario de sus primeros días en el poblacho de Nennagh, condado de Tipperary, donde pasaba los veranos y donde sus conceptos sobre la vida y su código moral fueron cincelados a fuego para siempre, se nos puede antojar, es cierto, un sustrato fantasmagórico, la cara grotesca y asfixiante del amable, noble universo que John Ford retratara en "The Quiet Man". Un circulo rural del infierno poblado por paletos alcoholizados y reducidos a la mínima expresión del intelecto, embrutecidos simpatizantes del Ira y solteronas con histeria religiosa aguda que empujan al niño MacGowan a un inevitable vicio precoz. Pero una vez más todo lo decide el punto de vista personal, la incidencia de la luz del entorno sobre el cristal de la propia alma. Y en lo que para unos es brutalidad encuentran otros picos de belleza difíciles de explicar a quien no es capaz de percibirlos por sí mismo. El infierno de McCourt es, al cabo, el paraíso de MacGowan; y es allí, rodeado por figuras que para él son heroicas y cuya altura no volverá a ser igualada, bebiendo y apostando a los caballos y fumando desde los cinco años, donde es feliz como no lo será jamás de nuevo. Es allí donde se forja el conocedor profundo del folclore irlandés, el carácter al tiempo introvertido y desafiante; y donde se pone la semilla del maníaco religioso y el bandido visionario. Hay algo que comparten muchos católicos y no pocos rockeros, que al cabo las fes distintas siempre tienen puntos en común. Ambos tipos de fieles parten de la idea del paraíso perdido, y es en torno a ésta que se expanden una serie de respuestas que van de la furia ciega a la nostalgia contemplativa, de la mortificación al hedonismo extremo. MacGowan pertenece sin duda a ese esquema de pensamiento antañón y romántico (como Nikki Sudden. O, salvas las distancias, Valle Inclán), pero, suerte para nosotros y para él, es capaz de sacar oro puro de sus evocaciones de lo feliz, que ya pasó, y sus constataciones de la macabra oscuridad, que sigue aquí. Viene, después del paraíso, la juventud primera, en Kent, donde florece una precoz cultura literaria ("A mi tía Catherine le gustaban Joyce, Behan y el rollo ruso. Mi padre o yo tomábamos prestados "Ulises" o "Guerra y Paz" constantemente. También me interesó por Mikhail Sholokow y su libro "El Don Apacible").Y luego Londres, donde la desdicha se apodera definitivamente del cuadro en una secuencia de dickensianas andanzas juveniles, desencuentros, palizas, desarraigo, pequeña delincuencia y precoces problemas mentales (su primer internamiento en un centro psiquiátrico data de los diecisiete años y está motivado ya por el abuso de drogas). Y también, por supuesto, el punk, los Pogues, los chismes y las derrotas y la vida conyugal, probablemente pura disfunción. Un descenso a los infiernos que puede llegar a ser hilarante por momentos y donde las historias que en boca de otro sonarían bravuconas y falsas reverberan con la natural claridad de lo inevitable. Sus respuestas, razonadas y extensas, fluidas, preñadas de la maestría del contador de historias nato, se extienden a menudo con delicadeza –o sin ella- sobre personajes laterales que a veces parecen salidos de la cámara de los horrores y otros de un show de los Monty Python pero que al fin -no nos engañemos, echemos un vistazo a nuestro propio mundo cercano- no proceden sino de la vida misma. Sketches de periodos histórico inciertos y convulsos, violentos ("Inglaterra estaba llena de putos inmigrantes luchando entre ellos por trabajos mal pagados. Y había una epidemia de drogas (…) Y los chavales irlandeses estaban divididos por la mitad, de una manera muy dura. O decidían que nunca serían ingleses (…) o se avergonzaban de sus propios padres y raíces y asumían la creencia general de que los paddys eran estúpidos, violentos y borrachos"). Escupitajos de realidad que dan luz a una vida cabalgada sobre las obsesiones que a todos nos conciernen pero que no todos somos capaces de describir con igual valentía suicida o de vivir con parecido desprecio por la muerte. Pasean por esas páginas muchos MacGowan, pues. El niño soñador, el barman adolescente, el pandillero juvenil ultraviolento, el raterillo avispado de azules ojos soñadores, el punk inventor de fanzines de un solo número, el profundo amante de su familia, sus amigos y su patria sentimental, la arruinada estrella de rock incapaz de dejar atrás sus cuelgues ("Las drogas más adictivas son el brandy y el crack"), el compañero delicado, el nacionalista irlandés convencido que odia a los ingleses con saña ("mi odio se reforzó porque resultaron ser la pandilla de hijos de puta que me habían dicho que eran"). Inútil describir en estas líneas más detalles cuando uno puede leerlo por su cuenta y descubrir la abismal profundidad y el frondoso disfrute que a menudo le negamos a la propia experiencia. Recomiendo su lectura antes o después de las "Memorias" de John Huston, otro libro asombroso. Dos vidas paralelas en su aparente divergencia que se complementan y se sirven de mutua medida. He aquí al hombre, en toda su dolorida y apaleada dignidad. Imprescindible. //LUIS BOULLOSA (Extracto de un artículo publicado en la revista Ruta 66)

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miércoles, abril 23, 2008

LUNA EN CÁNCER


Muere Josetxo Anitua, voz de los esenciales Cancer Moon

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martes, abril 22, 2008

LABRUTA FEST

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viernes, abril 11, 2008

TERROR IN AMERICA

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DIMI DERO INC - "Sisyphus, Window Cleaning" (Bang)


Llego hasta Dimi Dero Inc de la mano de la excelente entrevista que el siempre fiable y disfrutable Jaime Gonzalo les hace en un reciente número de Ruta 66. Tallados (con una producción clara pero acertada) en el segmento de roca que queda entre los Beasts of Bourbon y los Drones, salvas las distancias, los parisinos son una de esas bandas condenadas a la oscuridad y al pálido fulgor de la leyenda marginal, nos tememos. Cosas que pasan, por injustas que sean. Artesanos de un rock expresionista, oscuro y torturado, heredan el romanticismo maldito de la europa decimonónica y lo levantan de su diván de psicoanálisis con solvente maestría. Con música abigarrada y poderosamente rítmica, en busca siempre del calambre eléctrico que vuelva a hacer latir el amasijo de cartílago, whisky y cables que queda en lugar del corazón, después de todos los años sin dormir. Recrean, pues, ese mundo heredado y leido, probablemente vivido también, de bohemia enfermiza, mujeres problemáticas y angustia existencial, pero formulándolo con urgente y cavernosa saña, constituyendo una especie de punto de corte y confluencia entre tendencias condenadas a encontrarse. El influjo literario de Celine y otros magos oscuros del desasosiego y la nausea. La caida de ojos heroinómana y envuelta en terciopelo sucio de Thunders y sus clones más verídicos. La abrupta expresividad instrumental del punk australiano menos obvio, con un murmullo de Nick Cave al fondo del vaso de absenta ya vacío. Un ejemplo de lo mismo que hacen ellos fueron en España los inolvidables pero olvidados Cancer Moon. Igual atmósfera malsana. Similares referencias cultivadas y oscuras. Cercana resolución en Rock&Roll dañino, obsesionado y circular. Ambas bandas retratistas de las vidas al filo, la recaida emocional y el fascinante brillar de la navaja. En lo puramente literario, no llegan a los abismos de sus propios espejos (Gareth Liddiard todavía es el brujo mayor de nuestros tiempos, creo yo) pero arrojan perlas de opaco esplendor sobre lo jodida que es la vida cuando uno es un adicto al conflicto: "Es sólo que no se porqué/todas las chicas que he tenido/son como pajarillos/que hubiesen caido del árbol//Huérfanas, victimas de abusos o palizas/con una infancia llena de mierda/doscientos millones de cicatrices y el doble de problemas". Además, alguna poética visión sobre la "solución final", que decía Ozzy, como la espléndida "Cut", con letra a cargo de la escritora sueca Caroline Carlquist. No es probable que nadie, en cinco o diez años, los recuerde más que a los Chrome Cranks, por poner un ejemplo cualquiera. Pero eso ya es un problema del mundo y no nuestro, verdad?

UN PUTO DIRECTO

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lunes, abril 07, 2008

EVIDENTLY FUCKINTOWN


The fucking cops are fucking keen

to fucking keep it fucking clean

the fucking chief's a fucking swine

who fucking draws a fucking line

at fucking fun and fucking games

the fucking kids he fucking blames

are nowehere to be fucking found

anywhere in chicken town.


The fucking scene is fucking sad

the fucking news is fucking bad

the fucking weed is fucking turf

the fucking speed is fucking surf

the fucking folks are fucking daft

don't make me fucking laugh

it fucking hurts to look around

everywhere in chicken town.


The fucking train is fucking late

you fucking wait you fucking wait

you're fucking lost and fucking found

stuck in fucking chicken town.


The fucking view is fucking vile

for fucking miles and fucking miles

the fucking babies fucking cry

the fucking flowers fucking die

the fucking food is fucking muck

the fucking drains are fucking fucked

the colour scheme is fucking brown

everywhere in chicken town.


The fucking pubs are fucking dull

the fucking clubs are fucking full

of fucking girls and fucking guys

with fucking murder in their eyes

a fucking bloke is fucking stabbed

waiting for a fucking cab

you fucking stay at fucking home

the fucking neighbors fucking moan

keep the fucking racket down

this is fucking chicken town.


The fucking train is fucking late

you fucking wait you fucking wait

you're fucking lost and fucking found

stuck in fucking chicken town.


The fucking pies are fucking old

the fucking chips are fucking cold

the fucking beer is fucking flat

the fucking flats have fucking rats

the fucking clocks are fucking wrong

the fucking days are fucking long

it fucking gets you fucking down

evidently chicken town.


EVIDENTLY CHICKENTOWN (VIDEO)
HEALTH FANATIC (LIVE)

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viernes, marzo 14, 2008

Gordito no come alpiste - FRANK BLACK (Elysee Montmartre, París, 16-2-08)


Difícil lo tenía Frank Black, tocando el día posterior a Neil Young, mientras los reporteros de kaput presentes en la abarrotada sala todavía se relamían con los restos del recuerdo. Tampoco ayudó que la entrada fueran treinta eurazos. Ni que viniese sin segunda guitarra. Ni que no dijese ni pio entre canción y canción y, terminado su set de una hora larga, desapareciese de la pista sin un miserable adiós para no volver más. Quien ha visto a Black unas cuantas veces sabe que, en contra de las apariencias, tiene mucho de impredecible, una vez acumulada una discografía poliédrica que lo ha llevado del indie abigarrado y preciosista reminiscente de los pixies (“Frank Black”, el espléndido y pantagruélico “Teenager of The Year”) al rock visceral primera toma (El recio y emocionante “Frank Black & The Catholics”, “Pistolero”) desembocando en la música americana de raíz, purista a veces, encabritada otras (“Black Letter Days” sigue siendo un favorito menor de esta casa). Puede, pues, dar un bolo pulcro y manierista o arremeter con deshilachada furia punk. Entregarse a las guitarras crispadas o ponerse country. Dar su mejor cara o la peor. O incluso un punto intermedio, que fue lo que hizo en París. Musicalmente, la cosa estuvo francamente bien, yendo al hueso (no quedaba otra, en formato trío), sin virtuosismos y presentando en su mayoría temas nuevos, pasándose el pasado y las vaqueradas por el forro excepto en dos o tres temas en los que quedó claro que la armónica le gusta pero no es lo suyo. Franchesco cantó de manera excelente e hizo lo que pudo con la guitarra, demostrando que es un apreciable torturador de las seis cuerdas pero dejando en evidencia que necesita un escudero para que lo suyo suene como debe (así es la vida, tío), y tuvo en su exigua banda (batería y bajo) un anclaje más que correcto pero hierático, que en ningún momento llenaba el escenario. Eso era tarea del gordito Thompson y, la verdad, esta vez, pese a su oronda figura y su batería de temas recios y efectivos, no lo consiguió. O digamos mejor, porque eso fue lo que sucedió, que no lo quiso conseguir. Caprichos de príncipes destronados.// The Gay John Kennedy Fried

FATTY EN DIRECTO

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miércoles, marzo 12, 2008

NEIL YOUNG – Grand Rex (París)


A veces, no tantas, vale la pena hacer un esfuerzo de dinero y tiempo, si se tiene de ambas cosas, rara conjunción, para asistir a una ceremonia, aunque sea en el frío e inamistoso París. O mejor a una clase magistral. A estas alturas un concierto del amigo Flecha Rota tiene mucho de ambas cosas. Lo bueno del ritual: el respeto, la escucha atenta y ávida de la palabra, la sensación de haber sido perdonado de algo o bendecido, al final. Y lo malo del ritual: esa entrega ciega que a veces impide ser lo suficientemente crítico. Lo bueno de la clase magistral: ese pozo aparentemente infinito de sabiduría derramándose sobre uno, permitiéndole relativizar su propia situación en el mundo y volver a él sabiendo más. Y lo malo de la clase magistral: que el maestro está en un pedestal, a distancia, ajeno a la cercanía que se le supone al Rock&Roll. Este último punto lo subsana tito Neil, sin embargo, con esa naturalidad que exuda por cada poro incluso sin hablar. Si no fuera por lo apabullante de su demostración de sentido, conocimiento y sensibilidad, nos daría la impresión más de estar junto al fuego con un abuelo fascinante que en un teatro del frío París frente a una de las figuras capitales de la música popular del siglo XX. Abrió el concierto Peggy Young, acompañada con la banda de su marido, desgranando inanes melodías country que no tendrán lugar alguno en la historia de la música ni en la de esa noche, aparte del de modesto entremés en el que uno apenas se fija, seguro como está de que lo que viene es un festín. Luego, una cervecita en el bar para empezar a comprobar que en el Rex había esa noche un contingente español más que nutrido, atraído por la tacañería de Neil en los escenarios de nuestro país (no ha tocado en Madrid desde los ochenta, creemos) y vuelta a los asientos. Young salió sólo, rodeado por ocho o diez acústicas (incluido un banjo con mástil de guitarra) colocadas en círculo a su alrededor, y comenzó a desgranar un set acústico, cogiendo una, dejando otra, que arrancó agarrando por el cogote la emoción para no soltarla ya, con una espléndida versión de “From Hank to Hendrix”. Siguió una toma de “Ambulance Blues” que sin lugar a ninguna duda fue de lo mejor de la noche, demostración para los que sigan considerando al canadiense un madero recio pero sin matiz, de la hondura y delicadeza en la expresión a la que puede llegar, tan sólo con esa voz afinada por los años en clave de amarga savia de árbol centenario y un estilo a la guitarra más instintivo que ortodoxo, probablemente, pero perfecto cuando se trata de comunicar. Y se trata de comunicar. Con esos mimbres discurrió algo más de una hora de fantástico paseo por un cancionero de abisal profundidad y suntuosa riqueza que construyó su columna vertebral, esta vez, sobre la segura lucidez sentimental de un álbum tan capital como "Harvest” (una sublime “A Man needs a Maid” al órgano, la siempre emocionante “The Needle and the Damage Done” y el áspero y potente “Heart of Gold” que cerró el set). Finalmente, corte, media horita de parón para más birra, comentar las excelencias de la acústica del garito y su agradable decoración kistch y vuelta para el set eléctrico. Quien más y menos se conocía el desarrollo del asunto, habida cuenta de que hay páginas autorizadas que retransmiten los conciertos de la gira por radio, y que los set lists de los bolos están al alcance de uno en diversos foros. Pero, pese a la falta de sorpresa, poco quedapor hacer aparte de rendirse ante una segunda parte también apreciable y bien escogida. No fue tan excelsa quizá como la primera y estuvo discutiblemente rematada si uno se pone quisquilloso –la populachera “Rockin´ in the Free World” sustituyó a la muy superior “Cortez de killer” que venía cerrando en los días previos, algunos temas sonaron a relleno, como “The Believer”, y el último bis fue el intrascendente instrumental “The Sultan”-, pero tuvo momentos enormes, como la apertura con “Mr. Soul” Y “Don´t Cry No Tears”, la preciosa “Oh, Lonesome Me” o un “No Hidden Path”, donde la excelente y versátil banda –Rick Rosas impertérrito al bajo, Ben Keith alternando la Steel con la eléctrica, Ralph Molina a la bataca unidireccional y Peggy y otro tronco que no recuerdo ayudando en coros y otros fregados menores- fingió durante un rato que eran los Crazy Horse de verdad, desatándose en una cascada eléctrica que sirvió a medias para contentar al sector cañero y a medias para reivindicar que el abuelete sabio y paciente tiene también una cara de lobo hambriento y devorador, borracho de electricidad y primitiva rabia, que es la que parido dado, de hecho, alguno de los mejores momentos de su larga carrera. A la salida, de vuelta al desagradable trato comercial con gabachos y otras gentes de rictus torcido que esperaban en el frío asfalto, había quien aún ponía pegas. Podía haber tocado aquello y aquello otro no. Y sí, nunca nada es perfecto, pero a un servidor dos horas y medias largas de Neil le dejaron el rico poso en el paladar de haber asistido a algo que se podrá narrar en el futuro con una sonrisa cómplice y que, además, será útil para la vida que viene. ¿O aún creen ustedes que el Rock&Roll es simple disfrute de tres minutos y luego la nada, el trabajo, la tediosa vida diaria a veces tan difícil de soportar? Apostemos, si lo prefieren así. No sobre lo que es para ustedes, claro. Sobre lo que es. //Frankie Lee.

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domingo, marzo 09, 2008

Fatal Flying Guilloteens - "Quantum Fucking" (Frenchkiss Records)


La vida no es justa, parece, cuando vas de legal. No es nada nuevo. Mientras cualquier grupo de punk pop ramoniano medio bien ejecutado sigue teniendo su parroquia dispuesta a afirmar que son el no va más; mientras los onanistas de la guitarra de toda la vida disfrazados de garage grasiento dejan al personal con la bocaza abierta, barrabasadas como las de estos cinco chavales de Houston permanecen en la oscuridad. En la fracturada línea de expresionismo quirúrgico que a lo largo del tiempo han marcado bandas como Jesus Lizard o Melvins y que ahora mantienen viva gente como, sin ir muy lejos, los brutales Pissed Jeans, los Flying construyen un disco excepcional por su coherencia, su carencia de fisuras y su cortante personalidad. Contrapelados, poliédricos en ese ritmo que siempre está parando y volviendo a renacer como impulsado por alguna loca palanca mecánica que intentase simular la epilepsia, no conceden clemencia en 12 temas cuyos mismos títulos ("El primer acto de violencia", "Fiesta de armas ilegales", "Legión de serpientes") explican ya un poco la letal aleación de violencia natural y punk espástico que los lleva en volandas hasta el nucleo mismo de la corteza cerebral. Violencia articulada y construida con matemático primor sin que deje de sonar salvaje ni por un segundo. Cacharrera sólo en apariencia, medida en realidad, para que impacte en el objetivo cual granada de fragmentación mental. Guiada siempre por el cable de alta tensión a punto de quebrar del bajo sobre el que el trabajo de guitarras se explaya, con infectada saña nihilista. No es el único engendro que escuchamos últimamente dedicado a evocar el ruido de ambulancias y las luces de neón, la preapocalíptica y disuelta cara de la ciudad cuando anochece en el primer mundo. La rabia y el vacío de la mentira esencial. Pero si es una de las mejores. Los veo en el cartel de un festival con los Unsane y predigo que hasta a los neoyorquinos les costará pisarle la cabeza a estas guillotinas. Demasiado afiladas casi para cualquiera, si en directo son capaces de recrear lo que han conseguido en disco. Si un día de estos te toca tomar al asalto un delta con buen oleaje a caballo de una división de helicópteros y se te han olvidado en casa los discos de Wagner, prueba con esto, a ver que tal. //Coital Headache

REVEAL THE RATS (Directo)

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miércoles, marzo 05, 2008

Times New Viking – “Rip it Off” (Matador)


Hubo una época en que un disco como este hubiese sido elevado a los altares del “indie” sin tardar un segundo, aquellas en las que las referencias de moda eran Sonic Youth o Yo La Tengo y el amargo almibar de guitarras de los Dinosaur Jr era palabra de Dios. Un tiempo en el que los Flaming Lips eran todavía una máquina de ruido donde la melodía pugnaba por sacar su fracturado cráneo fuera del agua y Sebadoh y Pavement la úlltima sensación en boca de los enterados juveniles de turno -esos que ahora, supongo, tienen un par de hijos, aburrido matrimonio en Arganda del Rey y toda la discografía de Wilco en un altar, que hasta en la madurez hay que intentar quedar cool-. El tiempo, decíamos, en que los hijos del hardcore finalmente liberados de la consigna pero nunca de la angustia cristalizaban, como extrañas flores, en nuevas formas de queja, crisálidas de caramelo y espinas, mientras aquí surgían, grapados y suicidas, fanzines que ya nadie recuerda, con Morrisey e portada, acaso, como icono de ambigua religiosidad, y los festivales daban, vacilantes, sus primeros pasitos bajo consignas de independencia. Ha llovido sí. Ha llovido anto. No creo, la verdad, que los actuales y autoproclamados “indies” (esa fauna pija y retro que poco ha dicho creativamente en la última década, demasiado ocupada en el modo de vida narcisista y superfluo que creen haber inventado) sean capaces de digerirlo, y mucho menos de valorarlo como lo que es: un mayúsculo disco de pop bañado a conciencia en coagulada, dulce sangre de distorsión de guitarras y teclas. Un caótico festín donde ruido y melodía luchan en el barro con encendida saña. Y eso que por comparación con su anterior muestrario, aquí los Times suenan enormemente POP, con mayúsculas. Donde antes el punkismo ganaba la partida, asfixiando las melodías hasta convertir su desenterramiento en trabajo de chinos bien entrenados, ahora relucen esas agridulces píldoras de limón de anfetamina que efectivamente deben mucho, a veces demasiado, a sus mentores, pero que en todo caso devuelven al paladar el olvidado sabor de la victoria. La victoria, tan lejana, sobre el aburrimiento, la normalidad y la epatante vaciedad de los “hypes”. Sean estos públicos o underground. Así que si los chavales le dejan tiempo, pongase usted, caballero, el pildorazo número 15 ("Times New Viking VS Yo La Tengo") en su estereo grande y nuevecito. E intente recordar por qué otra cosa cambió usted aquella emoción.// Luis Boullosa

Un directo al aire libre

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NORMAN MAILER - "El Castillo en el Bosque" (Anagrama)


"El ego es propenso a la misma debilidad que exhiben las erecciones cuando no se sabe seguro lo que viene después". Una de esas frases de Mailer, todo certeza y brutalidad, que son ejemplo de su prosa, convulsa, masculina, penetrante y feroz cuando lograba serlo. Demoledora en su pegada y guiada por una permanente, sanísima intención de tocarle los cojones a todo Dios. En todo caso, o es que él sabía lo que venía después de la muerte -que le llegó a unos lúcidos 84, poco después de terminar esta novela, mientras trabajaba en su continuación- , o es que su priapismo, al menos el mental, desafiaba a todas las reglas de la edad. Porque en esta paja mental de 500 páginas largas que es "El Castillo..", el viejo lobo se muestra otra vez en todo su esplendor de provocador vocacional, orgulloso hasta el final de su capacidad para enervar al personal circundante apuntando, con la misma juguetona malicia de un niño demasiado listo para su edad, a las llagas más evidentes y peor suturadas de nuestro pasado reciente. Un regocijo infantil y vanidoso, el suyo, que era al tiempo virtud cardinal y uno de sus puntos flacos cuando la envergadura puramente literaria no se sostenía por si isma. Descuiden, porque aquí se sostiene de sobra. Colosal esfuerzo de senectud dedicado, supuestamente, a novelar la infancia y juventud de Adolf Hitler a partir de datos biográficos confirmados, la realidad del texto, más compleja, más extraña, decepcionará quizá a los que realmente esperen una historia sobre la figura más siniestramente capital del diglo XX. Aquí lo que está es una parábola -más o menos simplista pero hipnotizante, tallada a hostia limpia sobrela roca viva de la historia- sobre la eterna lucha entre el bien y el mal. Y de paso, pero no menos importante, la narración desbocadamente costumbrista de una época, personificada más en los progenitores del futuro monstruo que en "Adi" en persona. Una lucha reflejada en la brutal fricción de opuestos. El apetito sexual pantagruélico del padre contra la beatería rallana con lo místico de la madre. La ambición desmedida y mal calculada, tan patéticamente humana, frente a la polvorienta, corta, fugaz realidad de la vida; todo ello en el baroco marco de un mundo aparentemente petreo, el de finales del XIX y la apertura del siglo pasado, que estaba (lo sabemos nosotros, no los personajes) a pocos años de colapsar en un cataclismo sin precedentes. Brillante en su inmersión en la chusquera y chapotenate realidad cotidiana, una sórdida y salchichera sucesión de polvos a escondidas, hijos no queridos y detalles escatológicos, así como en el grotesco y feista trazo de algunos secundarios (el "brujo" apicultor babosamente homosexual que es Der Alte), sus gloriosos momentos de humor negro que se difuminan otras veces en fragmentos deshilachados o repetitivos. "Float like a butterfly, Sting like a bee", era el lema de su amigo Muhammad Alí, pero Mailer siempre fue un poco menos bailarín que dinamitero. Empeñado como sucesivas generaciones de literatos en el hallazgo de una Gran Novela Americana que jamás encontró, nos ha regalado a cambio numerosas voladuras más o menos (des)controladas de mitos, tabús y pudores de todo tipo. Y se ha ido por la puerta del bar, con esta amarga pero disfrutable carcajada dedicada al mundo.

PELEA DE GALLOS
ENTREVISTA

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martes, febrero 26, 2008

JULIAN COPE – "You Gotta Problem With Me" (Head Heritage)


Nítidamente superior a sus dos anteriores entregas, este cacharro es un artesanal, puro, asilvestrado método de buceo en lo que Cope considera problemas capitales de la humanidad. Parte de un rock garajero de maneras ácidas que es amablemente desmembrado después, y al que se deja mutar en libertad vigilada hasta obtener frutos excelentes; tonadas de tres cabezas y recia espina dorsal ("Woden", "Can´t Get You Out…"), momentos e megalítica delicadeza ("A Child is Born…") y acertados descensos al papel de cantautor concienciado ("Shame Shame Shame") que conforman un pico álgido inapelable en una carrera tan interesante como, es cierto, irregular. En lo filosófico, es otra razzia de paganismo intelectual, antirreligioso y anticorporativo hasta la médula, que reflexiona a diestro y siniestro, como quien blande un hacha, sobre el matriarcado (Robert Graves sigue siendo una influencia evidente), la plaga de la religión monoteista organizada (aquí se reparte a moros y cristianos por igual), la compulsiva necesidad humana de construir muros divisorios y otros horrores varios de la estupidez actual bañados en un ponche lisérgico donde tienen cabida por igual John Sinclair, Odín, Bin Laden o Johnny Deep. Lo acertado de la formulación, sin embargo, deja esta vez que se perciba con claridad el acerado nervio que late bajo ese barniz de casera alienación. Personalísima pero accesible puerta a un mundo donde toda verdad es cuestionada y la militancia filosófica no está jamás reñida con el humor. O, como se solía decir, tiempos de Rock&Roll.

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domingo, febrero 24, 2008

WILLIEWORLD - Maggie Dubris


Richard Hell, educado que es él, me envía por correo, como había prometido, este librito que le editó hace unos años a Maggie Dubris, una dama escondida a la que debería buscar con urgencia cualquier amante del simbólico, metafórico, terriblemente real Nueva York que en su momento retrataron Ferrara, Scorsesse y otros exhumadores de los bajos fondos, con su eterna cantinela de turbio pecado y dolorosa redención. Trabajadora en los servicios de emergencia de la gran manzana desde el año ochenta, testigo directo por tanto de épocas más que difíciles, Dubris surca la ciudad en primera persona a lomos de una ambulancia y entre una fauna de homeless, adictos al crack, alcohólicos callejeros y almas perdidas de todo pelaje. Y transfiere su experiencia al papel con la vívida sequedad de quien lidia a diario con cosas que la mayor parte de los mortales no llegamos a ver jamás. Un paseo desangrado por el filo de una navaja demasiado afilada para cualquiera, trasladado hasta el lector con gélido corte forense e impregnado de una poesía perpleja y metafísica. Realismo negro carbón, buceo a pulmón en aguas estancadas y fétidas, paseo gélido por la trastienda de la (in)humanidad siempre centrado en las personas, pero opuesto frontalmente al sentimentalismo barato con el que el tema se suele tratar en, por poner un ejemplo, los medios de comunicación. No hace falta especificar que se habla de víctimas del absurdo cuando la descripción de ambos, víctima y absurdo, es tan despiadada. Hasta para con el mismo autor. A partir de este volumen, Dubris parece haber desarrollado una productiva carrera literaria y artística en la que el equipo de KAPUT promete bucear en breve para volver con noticias.// Luis Boullosa

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sábado, febrero 23, 2008

KAPUT V contra los siesos del espacio exterior


El largo camino del quinto número de Kaput hacia su nacimiento en papel da un paso de gigante con la entrega de nuestra nueva portada. El espléndido trabajo es cortesía de Daviz del Reino e Igor Heras, colegas de copas y excelsos ilustradores como se puede observar en la épica batalla que envolverá, en breve, nuestras páginas.

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lunes, febrero 11, 2008

DROGA, PISTOLAS Y POLVOS CALLEJEROS (On Halo of Flies)


Asombroso, instructivo trabajo, deslizarse de pronto hacia el pasado cuando uno lleva un buen tiempo en el presente, sumergido en el marasmo diario, es decir, perdiendo perspectiva. Volver a los Halo Of Flies (El grupo de Tom Hazelmeyer, capo del imprescindible sello Amphetamine Reptile, ex marine, guitarrista violento y poliédrico, magnífico ejecutor de puñaladas al bajo vientre con navaja oxidada en forma de canción)nos retorna a una serie de afirmaciones generales que es preciso no olvidar - Como que es perfectamente posible que un trabajo brillante y de singular intensidad pase desapercibido en su momento y no merezca, después, ni una breve mirada retrospectiva por parte de la crítica, una llamada de atención que lo devuelva, así sea por unos segundos en la retina del lector de provincias, al lugar de privilegio que en su momento hubiese debido tener. El olvido, en fin, tan cierto como los sueldos de miseria en España o la endémica dificultad para la comunicación entre individuos de sexo opuesto. Vistos desde ahora (es relativamente fácil encontrar el recopilatorio Music for Insect Minds, que revisa con tino su fugaz carrera de siete pulgadas, splits y otra cacharrería variada), la cirujía de los Halo brilla con toda la tensa ferocidad que el punk nunca debio haber perdido. Ese encabritamiento terminal que les lleva a rociar sus propias canciones con gasolina y hacerlas arder en una pira tóxica donde se disuelven plástico, chatarra industrial y latas de cerveza (vacías, se entiende). Pero da testimonio, también, de ese prodigioso espacio mental-temporal que en los últimos ochenta y primeros noventa permitió que el hardcoire mutase libremente y alumbrase una generación de bandas de marcadísima personalidad, que eludían lo clónico con desafiante entereza. Así, igual que los Dü, los REM, los Minutemen, los Meat puppets o los Jesus Lizard, Halo Of Flies no se parecían a nadie más que a sí mismos. Por muchas comparaciones que fuesen pertinentes, sólo se los podía medir, al cabo, por comparación con su propia alzada dentro del entorno. Los de Hazelmeyer exudan ese vaho aural y urgente de los hechos únicos y los accidentes gloriosos. Una música mitad tripas y mitad cerebro, mutación en mosca fuzz de un ex marine borracho, ruidista, eructada expresamente para tocar las pelotas porque sñi, pero, pese a todo, dotada con una admirable capacidad para mantener un pulso tenso y cromado que se pega a la canción como un guante de Napalm. Una factoría de ira desatada en incursiones de infantería ligera y poco dada a tomar prisioneros. Turbulentos raids de castigo desde las catacumbas de la baja cultura, contrapelados exabruptos grabados sin medios ni tiempo pero que se devoran al noventa por ciento de la macarrada actual sin pestañear. Buscar bandas actuales de su envergadura no es, por supuesto, imposible -se me vienen a la cabeza los brutales Federation X-, y algunos de sus coetáneos siguen en envidiable forma, pero es justo sacarlos de nuevo a la luz, no ya como rareza menor, sino como combo de primer orden sin nada que envidiar a grupos comparables por violencia y visión. Hazelmeyer se centró, tras disolver la banda, en regir los deptinos de su sello. Y AmRep sacó a la calle algunos de los discos más necesarios de la música underground americana de su tiempo. Gracias chaval.

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lunes, febrero 04, 2008

GRAVENHURST - "The Western Lands" (Warp)


Nick Talbot. Apostol de una inglaterra oscura. Hombre que observa con ojo a medias poético a medias crítico la nación sumergida (“My Nation Underground”, que diría Julian Cope) y la transcribe, con melancólico pero firme pulso, en canciones entonadas con una voz suavemente fantasmal que parece la pérdida misma. En sus trabajos, que han ido virando del austero folk al pop balsámicamente eléctrico, florece un submundo de amenazante quietud trazado en negro y gris, con ideas que no son nuevas pero vestido de impecable etiqueta melódica y acicalado con elegantes desgarrones de distorsión y tormenta cercana. Nick Talbot, decimos, un talento no reconocido en toda su dimensión, por más que esta no sea la del genio, sino la del paciente orfebre que es capaz de cincelar, con tiempo y sin prisas, minimales gargolas de pop de guitarras a carbón. Su nuevo largo, “The Western Lands” no llega a la altura magnífica de aquella mirada con vista de águila que era “Fires in Distant Buildings”. Su ojeada sobre inglaterra es esta vez algo menos desgarrada y quirúrgica, y lo sentimental, como una colcha de flotante nieve, gana terreno. Ya no basa su concepto mismo en declaraciones como “Para entender al asesino/debes convertirte en el asesino”, pero aún de cuando en cuando le salen cosas como “Encerrado en una habitación con un libro y una soga/Los hombres vacíos se acercan, la justicia empieza en casa” que convierten sus atemporales gemas de cuatro minutos en un cruce entre Lovecraft, T.S Elliot y la gélida y tensionada visión de los Joy Division. Los temas tampoco son tan ineludiblemente brillantes como en el anterior largo (era francamente difícil), pero el álbum queda, pese a todo, muy por encima (o por debajo, en profundidad) de la media de lo que se factura en su género, si es que tal genero existe. ¿Dark Britannica?. Arrancan con la impecable y macabra “Bloodline”, que sí encajaría perfectamente en “Fires...” y siguen con la contemplativa “She Dances”, menos imaginativa y con más ornamento, envuelta en una instrumentación que tiene la virtud de parecer áspera y oscura pese a que, si se investiga, el bordado es primoroso. La elegancia natural (esa virtud tan rara en las guitarras distorsionadas) puntea las siguientes canciones aquí y allá con ecos lejanos de la Velvet Underground, y no falta algún instrumental excelente, como el que da título al disco, para cerrar un esfuerzo aparentemente discreto pero que va desvelando secretos en cuanto se lo deja caminar. Es complicado llamar a esto pop de guitarras, aunque lo sea, primero porque induciría a error, y después porque hay algo atemporal (por momentos antiquísimo, por momentos tan cercano) en su reverberación, un nosequé malsano en el ambiente que lo aleja de esa palabra, “pop